martes, marzo 07, 2006

"Ya no se puede encontrar por arriba una solución, tenemos que organizarnos por abajo"


Subdelegado Zero, Querétaro, 07 marzo 2006

"Nosotros como zapatistas no proponemos separar al país en pedazos, sino unirlo, pero unirlo desde abajo, con la gente humilde y sencilla, no con los grandes políticos y los grandes ricos", expresa esta mañana el subcomandante Marcos en el centro de esta pequeña localidad rural del municipio de Tolimán. Otra vez, un típico pueblo de mujeres solas, de ancianos. Entre el centenar de personas que lo escuchan, destaca un grupo de estudiantes de secundaria, casi todas mujeres, con sus uniformes verdes y su curiosidad intacta; ellas no muestran los gestos impenetrables, desconfiados, de quien ha visto y oído mucho y no se cuece al primer hervor.

A ese público doble se dirige el delegado Zero, desde una plataforma, especie de foro público, a un costado del atrio de la parroquia de San Pablo. Los poderosos, asegura, "quieren dividir al país y tienen un plan. Y lo dicen muy claro, no los están engañando. Lo están diciendo en su propuesta de gobierno los tres principales candidatos, Roberto Madrazo, del PRI, Felipe Calderón, del PAN, y Andrés Manuel López Obrador, del PRD.

"No se puede hacer lo que dicen que se va a hacer. No se puede decir que se va a hacer un gobierno donde todos van a estar bien porque lo sabemos bien, compañeros y compañeras, que los ricos están bien porque nosotros estamos pobres. Los ricos crecen en sus riquezas porque nos quitan la tierra, el trabajo. No se puede que en este país puedan prosperar al mismo tiempo los ricos y los pobres. Porque los ricos son los que hacen y producen a los pobres."

Recibe al delegado zapatista el Consejo Promotor de Unidad Popular. Contra lo que ha ocurrido en otros actos públicos de la otra campaña, hay pocas participaciones de gente local, y las que hay son más bien preguntas, o dudas con tema electoral, o si el Sub quiere ser presidente, o bien sobre si las demandas zapatistas no significarían "separarse" del país. Quizás no todo el público comparte esas suspicacias, pero Marcos dirige a todos una apasionada afirmación de identidad mexicana.

¿Vas a ser criado o a arreglar el jardín a los ricos?

"Nosotros somos indígenas de Chiapas. Antes de organizarnos éramos tratados como extranjeros en nuestra propia tierra. Eramos despreciados por nuestro color, nuestra lengua, nuestra cultura. Trataban mejor a alguien que hablaba en inglés que a alguien que hablaba cualquiera de nuestras lenguas mayas. No sólo no nos respetaban, nos trataban como animales y nos tenían completamente abandonados.

"Nosotros amamos la bandera mexicana, siempre nos hemos considerado mexicanos y veíamos con dolor que este país, México, nos expulsaba y nos despreciaba. Y no nos expulsaba a otro país sino nos expulsaba de la vida, porque nos estaba matando lentamente. Nuestra gente empezaba a morir de enfermedades curables. Llegó un momento que no teníamos más remedio que morirnos sin que nadie se diera cuenta, sin que este país que se llama México y que es nuestra patria supiera siquiera que habíamos nacido y que ahora íbamos a morir".

Es más bien en estas tierras del centro de la República donde la identidad mexicana pierde sentido en más de una ocasión. Zona expulsora de fuerza de trabajo indígena y campesina, dependiente de las remesas de dólares y las llamadas de larga distancia los fines de semana. Marcos cuenta que, después del alzamiento de 1994, "y así como en la Revolución Mexicana dijeron de Villa y Zapata, empezaron a decir de nosotros que éramos extranjeros, que éramos narcotraficantes, que éramos gente que estaba engañando a los indígenas. Nosotros no éramos un puñado de gente, éramos miles de hombres, mujeres, niños y ancianos, indígenas todos".

En esta localidad polvorienta y semidespoblada, el subcomandante pasa a sus propias preguntas: "¿Qué es lo que vamos a hacer aquí en San Pablo Tolimán con nuestros niños y niñas? ¿Decirles 'si bien te va cuando crezcas vas a servir en la casa de un rico de criada? Tal vez vas a arreglarle el jardín o el campo de golf a otro rico, tal vez, alcanzas a ser su chofer'. ¿Y la tierra qué va a producir? ¿Qué vamos a comer? ¿Qué esperanza les vamos a dar a nuestros hijos? ¿Y qué esperanza vamos a tener nosotros que vivimos aquí?".

La audiencia, compuesta por muchas personas mayores, escucha en silencio. "Nos están prometiendo que la gente de aquí de San Pablo Tolimán va a ser extranjera en su propia tierra. Y extranjera a la que hay que correr y despreciar. Nosotros venimos a decirles que nosotros los que estamos en la otra campaña no vamos a permitir que eso pase en San Pablo Tolimán ni en Querétaro, ni en todos los estados de la República ni en todas las comunidades. Queremos organizarnos junto con ustedes. Los estamos invitando a que luchen, pero que ya no luchen solos, y para que de una vez saquemos de este país a los grandes ricos".

Insiste en los motivos de la rebelión zapatista: "queríamos que México, nuestro país, nos reconociera como mexicanos y mexicanas, porque este país no reconoce a los pueblos indios, los trata con desprecio, se burla de ellos, piensa que nada más están para pedir limosnas en las esquinas. Dijimos que había que reconocer en la Constitución los derechos y la cultura indígena. Que lo que estaba haciendo el gobierno era destruirnos como indígenas. Que no queríamos dejar de ser indígenas, que queríamos ser mexicanos, indígenas mexicanos, que queríamos hablar nuestra lengua con orgullo, que queríamos llevar nuestra ropa con orgullo, que queríamos tener nuestra cultura con orgullo y no que eso fuera motivo de burla o de desprecio.

"Y los que están aquí y me están escuchando, que tiene sangre indígena, saben lo que quiere decir eso, saben lo que quiere decir tener este color, saben cómo en este país se alaba y se obedece y se es servil con el rico de color blanco y todo aquel que es moreno, chaparrito o que habla otra lengua, pero una lengua mexicana, es despreciado. Y nosotros llegamos aquí antes que ellos, compañeros y compañeras, esta nación la levantaron los indígenas, no los europeos ni los estadunidenses. Nosotros levantamos todo esto que ahora maravilla al mundo".

Es común que en las poblaciones pequeñas alguien diga, con candor, que le alegra ver a Marcos en persona, que sólo lo conocía por televisión. Es decir, que conoce poco de él y del zapatismo. Y también, como hoy sucede, alguien que no necesariamente es adherente de la Sexta declaración de la Selva Lacandona demuestra conocer la historia, los escritos y las propuestas del EZLN, y simpatiza seriamente. Sin embargo, aquí el avance neoliberal ha calado más que en Chiapas, y la población ha apostado más fichas a la migración, a los partidos políticos y a los programas del gobierno (mismos que por la noche, durante la reunión con más de 20 organización en Vista Alegre Maxei, Marcos denominará "bombas" arrojadas contra los campesinos).

Somos parte de esta nación

Así que el delegado Zero refiere las negociaciones con el gobierno en San Andrés, y la subsecuente traición de los tres poderes de la Unión. "No nos quedamos a llorar ni lamentar que nos habían engañado. En esas comunidades olvidadas, que sólo cosechaban muerte, empezamos a construir vida, mismo con el trabajo de las comunidades. Logramos ser parte de México con orgullo y dignidad, logramos levantar la cabeza y decir somos indígenas, y obligar al poderoso a que nos reconociera, y ya no nos da vergüenza hablar nuestra lengua, no nos da vergüenza usar la ropa que usamos, no nos da vergüenza el color que tenemos, el color que somos de la tierra".

Pero, añade Marcos, los zapatistas "vimos que los pueblos indios de Chiapas no eran los únicos maltratados, y conocimos también la situación de los indígenas de Querétaro. Que eran despreciados por los grandes señores del dinero y de la política".

En este punto, advierte: "Lo que está pasando en nuestro país no es lo que estaba pasando antes, que estaban los ricos allá en sus grandes ciudades y nosotros acá en nuestra pobreza y pensando que aquí, en nuestra casa, en nuestro ejido, en nuestra tierra comunal, en nuestra milpa, ahí vamos a estar nada más como pobres. Estamos viendo es que ya no va a ser así. Los ricos ya no se van a quedar contentos con la riqueza que tienen, quieren todo. Y esa pobreza que tenemos, estas tierras en las que estamos de San Pablo Tolimán también las quieren. Y quieren sus manantiales, quieren sus bosques y quieren sus lugares donde viven".

Declara entonces: "Si dejamos que eso pase nuestra patria que es México se va a morir". Como en otras ocasiones y plazas, reitera que "las propuestas de los que están allá arriba son las mismas", no importa de qué partido provengan. "Ya no se puede encontrar por arriba una solución, tenemos que organizarnos por abajo. Y nosotros vemos, según nuestra experiencia y según lo que hemos escuchado en Querétaro de gente humilde y sencillacomo ustedes, que sí se puede construir mejor nivel de vida en una comunidad si la gente se organiza. Y en cambio nos han contado que la gente que no se organiza desde abajo, los gobiernos le hacen lo que quieren. Cuando la gente se organiza no se deja tan fácil engañar y exige y obliga a los gobernantes a que cumplan con su trabajo".

Desde la experiencia de las comunidades zapatistas de Chiapas, Marcos afirma en este lugar, al parecer desierto de esperanza o dispuesto a seguir creyendo las promesas: "El gobierno a veces no mata con balas, mata con olvido, con desprecio. Empieza a quitar todos los servicios o hacerlos más caros y espera a que la gente se desespere y se vaya para otro lado, se haga criminal o se muera".

Invita a la audencia de San Pablo a incorporarse a "esta organización nacional sin dejar de ser lo que son, y en lugar de estar como tarugos viendo quién nos va a robar o hacer la ley para despojarnos, vamos a levantar a todo México para echar fuera a los ricos que viven a nuestras costillas y también a los políticos, no importa de qué partido sean".

http://www.jornada.unam.mx/2006/03/07/022n1pol.php

También:

PRONUNCIAMIENTO POLITICO DE LAS MUJERES SOCIALISTAS DE CHIAPAS


LA OTRA CAMPAÑA EN LA SIERRA GORDA, QUERÉTARO

Fotos de La Otra en San Pablo Tolimán, Querétaro

1 Comentarios:

At jueves, marzo 09, 2006 2:14:00 p. m., Anonymous Anónimo said...

Las sublevaciones pertenecen a la historia. Pero, en cierto modo, se le escapan. El movimiento mediante el cual un solo hombre, un grupo, una minoría o un pueblo entero dice: “no obedezco más” y arroja a la cara de un poder que estima injusto el riesgo de su vida –tal movimiento me parece irreductible–. Y ello porque ningún poder es capaz de tornarlo absolutamente imposible: Varsovia siempre tendrá su gueto sublevado y sus cloacas pobladas de insurgentes. Y también porque el hombre que se alza carece finalmente de explicación; hace falta un desgarramiento que interrumpa el hilo de la historia, y sus largas cadenas de razones, para que un hombre pueda “realmente” preferir el riesgo de la muerte a la certeza de tener que obedecer.
Todas las formas de libertad adquiridas o reclamadas, todos los derechos que se hacen valer, incluso los relativos a cosas aparentemente menos importantes tienen, sin embargo, ahí un último punto de anclaje, más sólido y más próximo que los “derechos naturales”. Si las sociedades se mantienen y viven, es decir, si los poderes no son en ellas “absolutamente absolutos”, es porque, tras todas las aceptaciones y las coerciones, más allá de las amenazas, de las violencias y de las persuasiones, cabe la posibilidad de ese movimiento en el que la vida ya no se canjea, en el que los poderes no pueden ya nada y en el que, ante las horcas y las ametralladoras, los hombres se sublevan.

Michel Foucault
“Inutile de se soulever?", Le Monde, mayo de 1979.

 

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